Los océanos ocupan el 71% del planeta y actúan como una barrera natural frente al calentamiento global, pero su capacidad de resistencia tiene límites. Theresa Zabell, doble campeona olímpica y fundadora de Ecomar, reclama prevención, educación y restauración para proteger un ecosistema decisivo también para la economía.
Resulta curioso cómo ignoramos, inconscientemente, algo fundamental en nuestras vidas. Los océanos ocupan el 71% del planeta y su conservación es decisiva para afrontar el cambio climático y, por ende, nuestro futuro. De su bienestar, de su salud, dependen también la biodiversidad marina, la protección de las costas y sectores fundamentales del tejido productivo como la pesca.
«Al mar no le vamos a ganar nunca. Lo que tenemos que hacer es ganar con el mar«, afirmó Theresa Zabell, doble campeona olímpica de vela y fundadora de la Fundación Ecomar, durante su intervención en el IV EXPANSIÓN Green World & Sustainability Forum 2026. La deportista reclamó actuar con anticipación para proteger unos ecosistemas que amortiguan el calentamiento global, pero cuya capacidad de resistencia no es ilimitada. En este sentido, Zabell recordó que nuestros océanos han absorbido más del 90% del exceso de calor generado durante las últimas décadas. «No siempre absorbe todo a coste cero», advirtió. «Realmente lo que el mar absorbe nos va pasando luego una factura climática que todavía no hemos sido capaces de pagar». Para explicarlo, recurre a una radiografía económica: «Esto es un seguro, un seguro que tenemos todos gratuito«. Su mensaje apunta al riesgo de seguir dando por descontada esa protección.
La respuesta a este problema común a todos combina educación, prevención y recuperación de los ecosistemas dañados. Tras retirarse de la competición, Zabell creó Ecomar hace más de 27 años para «devolverle al mar por lo menos una pequeña parte» de lo recibido. «En la Fundación nos gusta mucho decir que educamos, concienciamos y actuamos«, resumió. «Es la manera más barata y económica de proteger», destacó sobre la prevención del deterioro de los ecosistemas marinos. A esos tres verbos, la entidad decidió añadir hace una década un cuarto: «Reparar«. «Si no empezamos a reparar una parte de lo que ya habíamos destruido, pues realmente vamos tarde», sostuvo.
Ecomar actualmente trabaja en la replantación de la Posidonia oceanica, una planta endémica del Mediterráneo y crucial para proteger las costas de temporales y generar oxígeno. Asimismo, Zabell pone sobre la mesa otro ejemplo, como la recuperación del atún rojo tras restringir su pesca: «Al mar también hay que dejarle descansar», recordó, para permitir que los ecosistemas recuperen su equilibrio.
El futuro se cambia hoy
La educación constituye el otro gran frente de Ecomar, cuyas actividades llegan a unos 100.000 niños cada año, según detalló. La entidad trabaja en colegios, centros náuticos y playas. Las recogidas de residuos buscan que los participantes comprendan qué ha llegado a la costa, por qué está allí y cómo evitar que vuelva a suceder. «El futuro se cambia hoy, no se cambia más adelante«, defendió. Su compromiso nació precisamente de observar la basura mientras navegaba. Un sedal transparente de pesca le impidió subir al podio en un campeonato de Europa. Aquella experiencia contribuyó a transformar su mirada: «El mar pasó de ser mi terreno de juego a ser mi objetivo«.
Para fortalecer esta labor, Zabell subrayó el papel de las empresas. «La mayoría de nuestra financiación es privada«, afirmó. Algunas compañías llevan más de veinte años apoyando el proyecto de forma altruista.
Una medalla azul y verde
La regatista traslada también al desafío ambiental una regla de la competición. «En nuestro deporte no hay tiempo muerto«. Leer las señales y prepararse antes de que llegue una racha permite seguir avanzando; reaccionar tarde puede dejar a los rivales dos olas por delante, una distancia difícil de recuperar. La meta, concluyó, exige una victoria compartida. «Ahora la buena noticia es que estamos todos en el mismo equipo y no buscamos una medalla de oro». El objetivo es otro. «Buscamos una medalla que por una cara es azul y por la otra cara es verde y es la medalla que nos va a permitir seguir viviendo en este planeta mal llamado Tierra«, sentenció.
ÁLVARO PÉREZ-ALBERCA
(EXPANSIÓN)